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Latoso ▶ Frases interesantes N° 104

"La tolerancia llegará a tal nivel que las personas inteligentes tendrán prohibido pensar para no ofender a las imbéciles." (F. Dostoievski)



Latoso N° 1393

“El dolor no está en la muerte sino en la soledad, y el conflicto surge cuando se busca consuelo, olvido, explicaciones e ilusiones”.

Jiddu Krishnamurti.

Latoso N° 1390

Lo supe siempre. No hay nadie que aguante la libertad ajena; a nadie le gusta vivir con una persona libre. Si eres libre, ése es el precio que tienes que pagar: La soledad.

-Chavela Vargas.

Latoso N° 1384

He aprendido a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro.

[Saramago]


Latoso ▶ El Pombero N° 105

El Pombero es un ser originario de la mitología guaraní (algunos autores difieren en esto), muy popular en Paraguay, en ciertas partes del sur de Brasil, y en zonas argentinas como Misiones, Corrientes o Entre Ríos.

Este ser gusta de acosar y violar mujeres, asesinar a quienes deterioran innecesariamente la naturaleza, y castigan a quienes osan pronunciar su nombre en voz alta o les faltan el respeto imitando su silbido, que según cuentan es escalofriante y de hasta 30 segundos.

En guaraní, el nombre que se le da es “Cuarahú-Yara”, lo cual significa “Dueño del Sol”. Sin embargo, esto es sólo aparente, pues aquel es el nombre de un viejo rojizo con un solo ojo en la frente, dientes de perro, brazos largos y enormes manos. Este ser, según indica el especialista Félix Coluccio, no es una modalidad del Pombero sino un ente diferenciado. Así, los verdaderos orígenes de su nombre habría que buscarlos en el sur de Brasil, donde se llama “pombeiro” al que espía, y en los aborígenes de las pampas argentinas, que llaman “bombero” al explorador que marcha en la línea de avanzada cuando se están efectuando tareas de reconocimiento. De allí, se cree que el nombre puede ser una fusión de ambos, o una deformación de uno u otro.



Latoso N° 1389

Sean cuales sean los detalles de su aspecto, el Pombero ronda por los bosques, suele refugiarse en casas u otras construcciones abandonadas para descansar, y nunca deja de viajar, al menos entre las zonas en que se lo ha visto.

Sus habilidades son diversas: puede hacerse invisible y delatar su presencia a través de algo tan sutil como un escalofrío en quien supuestamente es tocado; puede deslizarse en espacios muy estrechos, correr velozmente en cuatro patas, imitar el canto de muchas aves (sobre todo nocturnas), el silbido de una persona y el sonido de víboras u otros animales.

La misión principal del Pombero es la de cuidar a la Naturaleza, vigilando el monte y velando por las vidas de los animales salvajes. Por ello y si bien permite la cacería, se enfurece cuando ve que un cazador mata más de lo que consumirá, cuando un pescador solo busca entretenerse, cuando un leñador corta madera que no empleará y, en suma, cuando cualquiera produce injustificadamente un daño a la flora o fauna. Su vigilancia es casi imposible de burlar, ya que supuestamente puede metamorfosearse y, por ejemplo, estar observando todo en forma de lechuza…

A la hora de castigar, el Pombero puede ser realmente implacable y cruel. Por ejemplo, en algunas partes de Argentina creen que, si encuentra a un niño cazando pájaros, lo tomará a la fuerza y lo abandonará lejos de casa, muerto o atontado, dependiendo del caso. Concretamente en el Chaco (Argentina), se cree que el Pombero puede chuparles la sangre a los niños, dejándolos secos y colgados de algún árbol…

Tal y como los duendes tradicionales, el Pombero puede ser travieso y fastidioso: libera vacas y otros animales de sus corrales, dispersa gallinas u otros grupos de animales domésticos o salvajes, roba tabaco, desparrama maíz, consume miel si la encuentra a su alcance, se coge los huevos de las gallinas, y tumba a los jinetes de sus caballos, entre otras cosas.

Particularmente conocida es la lascivia del Pombero. Éste, aprovechándose de su invisibilidad, suele despertar a las mujeres con caricias malintencionadas, sobre todo si duermen fuera, como sucede a menudo en verano. Ciertas mujeres han sido violadas por el Pombero, y cuando tienen un hijo de él, suele ser algo parecido al padre, desgraciadamente… En este tipo de afán el Pombero, cuando se ha prendado de la belleza de determinadas jóvenes, ha llegado a raptarlas (dicen algunos que, para esto, puede hipnotizar), las ha violado en el bosque, y ahí las ha dejado abandonadas, generalmente embarazadas, con la ropa rasgada y el cuerpo cubierto de tierra y mal olor (el Pombero apesta). Sin embargo, gusta de violar salvajemente, a manera de castigo, a las esposas infieles y a las jóvenes que han crecido sin bautizarse. Hasta aquí parecería que las elegidas del Pombero están perdidas, pero muchos creen que, si éstas le ofrecen miel o tabaco de buena manera, el Pombero habrá de dejarles intacto “el honor”.

Ahora, y pese a ser violador, el Pombero también tiene su lado sensible con las mujeres. En efecto, en Corrientes (Argentina) creen que éste se suele enamorar de las embarazadas que están gestando niñas, y que las protege cuando duermen o andan solas en la oscuridad, delatando a veces su presencia en algo tan suave como un piar de pollito.

Por otra parte, uno puede ganar la amistad o simpatía del Pombero si le hace regalos. Hay que dejarle tabaco, miel o licor, en algún banco o silla o en un lugar visible atrás de la casa, pronunciando una corta oración o ruego. Cuentan que, si se llega a obtener su amistad, éste cuidará la casa, el rancho, los animales y las pertenencias del favorecido, además de que le guiará donde están las presas más grandes para cazar, los peces más gordos y jugosos, y los frutos más frescos y exquisitos… Sin embargo, ganar la amistad del Pombero no es tarea sencilla, pues las ofrendas deben hacérsele por treinta noches seguidas sin interrupción; aunque también, si se desea un favor concreto —sobre todo en lo que es encontrar cosas perdidas y tener éxito con los cultivos y los animales de granja—, se puede pedir primero el favor, decirle lo que se le habrá de dar por treinta noches seguidas, esperar a que el favor esté cumplido y entonces proceder a cumplirle lo ofrecido. Y es mejor que así sea, porque el Pombero se enfurece cuando hace un favor y no es retribuido…

Como contraparte a lo anterior, hay quienes se han ganado la enemistad del Pombero. Si esto es así, la persona enemistada oirá ruidos extraños en casa, verá objetos que se mueven, puertas que se abren, cosas que se caen sin explicación, o incluso pasos y voces sin fuente aparente… Esa persona mejor no debería salir de cacería, pues el Pombero intentará confundirle en la espesura del bosque, de la cual quizá no vuelva vivo…

Otra cosa a tener en cuenta, es que alguien puede irritar al Pombero sin llegar a ser su enemigo, pero sí experimentando desagradables consecuencias y, de reincidir, seguramente tendrá la enemistad del Pombero. Cosas que lo irritan, además de dañar innecesariamente la flora y fauna, son el pronunciar su nombre en voz alta, el imitarlo (esto hará que conteste con estremecedores sonidos) y el no hacerle jamás ningún regalo. Según creen, posibles consecuencias de irritarlo son episodios de temblor, mudez o confusión, estados todos que el Pombero puede inducir con solo dar un roce de sus manos peludas.

Latoso N° 1388

Las primeras referencias al Pombero lo muestran como un ser alto, flaco, fornido, feo, y muy peludo. Sin embargo, esta versión carece de importancia en la actualidad, no solo porque prácticamente no existe información sobre la misma, sino porque, de una forma que podríamos llamar “casi oficial”, el Pombero es popularmente conocido como una especie de duende. Esta es la versión tradicional, tanto en el folclore actual como en el de hace décadas atrás.

En la versión (la tradicional) que nos ocupa, el Pombero es una especie de hombrecillo pequeño, feo, fuerte, moreno, muy peludo, de brazos largos y manos enormes, codos y rodillas sin articulaciones (por lo cual hace movimientos toscos y grotescos), piernas cortas con pies invertidos que desorientan a quien lo intenta rastrear, un enorme miembro viril para abusar carnalmente de las mujeres, una barba larga —en ciertas versiones, tan grande que le cubre el miembro—, un sombrero de paja y una bolsa al hombro, aunque lo de la bolsa es dudoso, pues proviene de su confusión con el Kari-Vosá, otro ser mitológico.


Latoso bukowskiano ▶ Hilo de Bukowski N° 68

¿El amor?
Es como cuando te levantas una mañana
y ves que hay niebla después de que haya salido
el sol.
Es como ese breve instante que hay hasta que
se quema
El amor es una niebla que se quema con el primer
rayo de luz de la realidad.



Latoso bukowskifag N° 1385

A salvo



la casa de al lado me pone

triste.

marido y mujer madrugan para

ir al trabajo.

vuelven a casa a media tarde.

tienen una niña y un niño pequeños.

para las 9 p.m. todas las luces de la casa

están apagadas.

a la mañana siguiente marido y

mujer madrugan de nuevo para ir al

trabajo.

vuelven a media tarde.

para las 9 p.m. todas las luces de la casa están

apagadas.



la casa de la lado me pone

triste.

y eso que es buena gente, me

caen bien.



pero siento como se ahogan.

y no puedo salvarlos.



van tirando.

no son gente

sin techo.

pero el precio es

terrible.



a veces por el día

miro la casa

y la casa me mira a



y la casa se pone a

llorar, sí, llora,

lo percibo.



la casa está triste por la gente que la

habita

y yo también

y nos miramos los dos

y los coches van y vienen por la

calle,

los barcos cruzan el puerto

y las altas palmeras tocan

el cielo

y esta noche a las 9 p.m.

se apagarán las luces,

y no sólo en esa

casa

y no sólo en esta

ciudad.

vidas agazapadas a salvo,

casi

detenidas,

la respiración de

los cuerpos y poco

más.

Latoso bukouskifag N° 1342

"Casi siempre, lo mejor de la vida consiste en no hacer nada en absoluto, en pasar el tiempo reflexionando."

Latoso bukouskifag N° 1341

"Algunos pierden la mente y se vuelven alma, locos. Algunos pierden el alma y se convierten en mente, intelectuales. Algunos pierden ambos y son aceptados."

Latoso bukouskifag N° 1340

"Estarás solo con los dioses y las noches arderán con fuego. Cabalgarás en la vida hacia la risa perfecta. Es la única pelea que vale la pena."

Latoso bukouskifag N° 1307

¿Sabes cuál es la forma más rápida de deprimirse?
Pensar.


Latoso indie ▶ Extrractos de textos hallados por ahí N° 100

Mientras la razón le obligaba a reconocer la existencia de Dios, la conciencia le hacía dudar de lo infinito de su bondad. No creía que un pecador como él pudiera encontrar misericordia. Él no había sido arrastrado hacia el error: la ignorancia no le podía proporcionar ninguna excusa. Había visto el vicio en sus verdaderos colores. Antes de cometer aquellos crímenes, había medido escrupulosamente su peso; y no obstante, los había cometido.

-LEWIS, Matthew G, El Monje



Latoso N° 1380

Vivimos encerrados en nuestras mentes y llevamos este encapsulamiento dondequiera que vayamos. Veamos lo que veamos, oigamos lo que oigamos, suceda lo que suceda, nunca es transmitido a la consciencia interior directamente. La mente permanece como barrera entremedio, siempre confundiendo.
Uno debe darse cuenta de esto. Es lo primero para poder profundizar. Esto es lo primero para pasar al segundo estado de escucha: ser conscientes de lo que tu mente te está haciendo. Se entromete. Vayas dónde vayas, va antes que tú. No es como una sombra que te sigue. Tú te vuelves su sombra. Se pone en movimiento, y tú la has de seguir. Va delante de ti y lo colorea todo. Por eso nunca estás en contacto con la “facticidad” de algo. La mente crea ficción.

-Osho

Latoso N° 1378

“El arte como manifestación es un nervio vivo por el cual escapamos a las formas de morir o recreamos nuevas maneras de estar para estar en la vida; es el puente que nos conecta con una realidad deseada, pero no olvidemos que los dolores y los placeres están dentro de cada uno: cualquiera otra invención de espacios ideales será una ficción infernal: el arte nos libra de la locura y nos conduce paradójicamente a ella.”

— JOJART, Agustina. Antonin Artaud: pedazo de nervios.

Latoso N° 1377

Yo ya me sentí viejo al poco de nacer;
Los demás luchaban, deseaban, suspiraban;
En mí no sentía más que una añoranza imprecisa.
Nunca tuve nada parecido a una infancia.
En la profundidad de ciertos bosques, sobre una alfombra de musgo,
Repugnantes troncos de árbol sobreviven a su follaje;
En torno a ellos se forma una atmósfera de luto;
En su piel ennegrecida y sucia medran los hongos.
Yo no serví jamás a nada ni a nadie;
Lástima. Vives mal cuando es para ti mismo.
El menor movimiento constituye un problema,
Te sientes desgraciado y, sin embargo, importante.
Te mueves vagamente, como un bicho minúsculo.
Ya apenas eres nada, pero, ¡qué mal lo pasas!
Llevas contigo una especie de abismo
Mezquino y portátil, levemente ridículo.
Dejas de ver la muerte como algo funesto;
De vez en cuando ríes; sobre todo al principio;
Intentas vanamente adoptar el desprecio.
Luego, lo aceptas todo, y la muerte hace el resto.

-Michel Houellebecq.

Latoso N° 1358

Reminiscencia
No podía dejar de amarla porque el olvido no existe
y la memoria es modificación,
de manera que sin querer
amaba las distintas formas
bajo las cuales ella aparecía en sucesivas trasnformaciones
y tenía nostalgia de todos los lugares
en los que jamás habíamos estado,
y la deseaba en los parques
donde nunca la deseé y moría de reminiscencias
por las cosas que ya no conoceríamos
y eran tan violentas e inolvidables
como las pocas cosas que habíamos conocido.

-Cristina Peri Rossi.

Latoso N° 1343

“Trust life, even if you cannot trust people. For human nature is unreliable, but life itself is ruled by immutable law. Right action leads always, in the end, to victory.” Swami Kriyananda


Latoso ▶ Fragmentos de escritores latinos N° 87

“Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día.”
— GALEANO Eduardo. Celebración de las contradicciones / 2. El libro de los abrazos.



Latoso N° 1324

Una de las más apasionantes facetas de la vida poética (no de la vida socio-literaria, que detesto) son los encuentros, sobre todo los no buscados. La experiencia humana es tan rica y trae tantas sorpresas. Como en el amor, los encuentros no buscados son siempre los más frescos.

-Roberto Juarroz.

Latoso N° 1321

No había manera de hacerte comprender que así no llegarías nunca a nada, que había cosas que eran demasiado tarde y otras que eran demasiado pronto, y estabas siempre tan al borde de la desesperación en el centro mismo de la alegría y del desenfado, había tanta niebla en tu corazón desconcertado.

Julio, No había manera de hacerte comprender que así no llegarías nunca a nada, que había cosas que eran demasiado tarde y otras que eran demasiado pronto, y estabas siempre tan al borde de la desesperación en el centro mismo de la alegría y del desenfado, había tanta niebla en tu corazón desconcertado.

Julio, No había manera de hacerte comprender que así no llegarías nunca a nada, que había cosas que eran demasiado tarde y otras que eran demasiado pronto, y estabas siempre tan al borde de la desesperación en el centro mismo de la alegría y del desenfado, había tanta niebla en tu corazón desconcertado.


CORTÁZAR, Julio, Rayuela

Latoso N° 1318

“Dunraven, versado en obras policiales, pensó que la solución del misterio siempre es inferior al misterio. El misterio participa de lo sobrenatural y aun de lo divino; la solución, del juego de manos.”

— BORGES, Jorge Luis, El Aleph

Latoso N° 1315

Un hombre se confunde, gradualmente, con la forma de su destino; un hombre es, a la larga, sus circunstancias. Más que un descifrador o un vengador, más que un sacerdote del dios, yo era un encarcelado. Del incansable laberinto de sueños yo regresé como a mi casa a la dura prisión. Bendije su humedad, bendije su tigre, bendije el agujero de luz, bendije mi viejo cuerpo doliente, bendije la tiniebla y la piedra.


-BORGES, Jorge Luis.

Latoso N° 1185

"…La memoria es tramposa, selectiva, parcial. Sus vacíos, por lo general deliberados, los rellena la imaginación: no hay historias sin elementos añadidos. Estos no son jamás gratuitos, causales, se hallan gobernados por esa extraña fuerza que no es la lógica de la razón sino la oscura sinrazón."

— Vargas Llosa


Latoso ▶ Cuentos orientales N° 89

El maestro llevaba muchos años predicando que la vida no era más que una ilusión. Cuando murió su hijo rompió a llorar. Sus discípulos se le acercaron y le dijeron:

—Maestro, ¿cómo puede llorar tanto si nos ha explicado que todas las cosas de esta vida son una ilusión?

—Sí —respondió el sabio enjugándose las lágrimas que resbalaban por sus mejillas— ¡Él era una ilusión tan hermosa!



Latoso N° 1254

No hables mal de ti mismo. Porque el guerrero que está dentro de ti escuchará tus palabras y debilitará por ellas. -Antiguo proverbio samurai.

Latoso N° 1180

En cierta ocasión, hablando el Maestro del poder hipnótico de las palabras, alguien gritó desde el fondo de la sala:

«¡No dices más que tonterías! Si yo digo 'Dios, Dios, Dios', ¿acaso ello me hace divino? y si digo 'pecado, pecado, pecado', ¿acaso ello me hace malo?»

«¡Siéntate, bastardo!», dijo el Maestro.

El tipo se puso tan furioso que no podía articular palabra. Finalmente, estalló en improperios contra el Maestro.

Éste, aparentando arrepentimiento, le dijo:

«Perdóneme, señor, por perder la calma. Le suplico que excuse mi imperdonable error».

El otro se calmó inmediatamente, y entonces le dijo el Maestro:

«Ya tiene usted su respuesta: ha bastado una palabra para encolerizarlo, y otra para tranquilizarlo».

Latoso N° 1179

Le preguntaron al gran matemático árabe Al-Khawarizmi sobre el valor del ser humano, y este respondió:

Si tiene ética, su valor es igual a 1.

Si además es inteligente, agréguele un cero y su valor será 10.

Si también es rico, sûmele otro cero y su valor será 100.

Si además es una bella persona, agréguele otro cero y su valor será 1000.

Pero si pierde el 1, que corresponde a la ética, perderá todo su valor pues solamente quedarán los ceros.

Sin valores éticos ni principios sólidos, no queda nada.

Latoso N° 1178

Un maestro llevó a su discípulo al campo y recogió dos nueces para darle una lección. Dijo al discípulo que le lanzaría las nueces y que tratara de esquivarlas.

La primera vez, el maestro lanzó la nuez a dos metros y el discípulo trató de esquivarla. Pero ésta impactó en su cabeza.

La segunda vez, el maestro se puso mucho más lejos y lanzó la nuez. El discípulo tuvo tiempo de esquivarla con facilidad.
El maestro le dijo:

Discípulo, los problemas en la vida son como esa nuez, siempre serán lanzados hacia ti, pero tú decides dónde te paras. Aprende a tomar distancia y así esquivarás emocionalmente todas las dificultades y serás más feliz.

Latoso N° 1146

Un anciano sabio se paseaba con tres de sus discípulos en el jardín de su pueblo.

Viendo un limaco que devora una lechuga, el primer discípulo lo aplasta con el pie.

El segundo dice entonces:

—Maestro, ¿no es pecado aplastar esta criatura?

El maestro le responde:

—Tienes razón, así es.

—Pero él comía nuestro alimento, ¿no he hecho bien? —reprochó el pisachobis.

El maestro le responde:

—Tienes razón.

El tercero dice:

—Ambos dicen cosas contradictorias, no pueden los dos tener la razón.

Y el maestro le responde:

—Tienes razón.


Latoso ▶ Relatos cortos robados N° 79

Algunos lo llamaban apocalipsis zombi, pero Björn no lo creía. Sus vecinos eran tan tontos y descerebrados como siempre. Por eso decidió invitarlos a venir a celebrar el solsticio de verano como siempre. Poco sabía él que abrir latas de delicioso surströmmning (pescado podrido) atraería a los vecinos (y al mirarlos más de cerca parecían un poco enfermizos). Después de haber tomado demasiadas "cañas", y sin estar en forma para manejar tal problema, Björn sugirió brillantemente que todos deberían ir a esconderse en la bodega mientras se ponían sobrios. De alguna manera, el plan no funcionó. Los zombis siguen fuera, y la bodega huele mal desde que Björn orinó en la esquina.



Latoso N° 1253

Yo ejercía entonces la medicina, en Humahuaca. Una tarde me trajeron un niño descalabrado: Se había caído por el precipicio de un cerro.

Cuando, para revisarlo, le quité el poncho, vi dos alas. Las examiné: estaban sanas. Apenas el niño pudo hablar le pregunté:

- ¿Por qué no volaste m'hijo, al sentirte caer?

- ¿Volar? -me dijo- ¿Volar, para que la gente se ría de mí?

(Enrique Ánderson Imbert)

Latoso N° 1184

"Hasta que ella miraba sin rodeos hacia el lugar correcto y decía con una voz profunda y sensual, como si estuviera sintiendo el miedo de quien se va a tirar en un abismo, “mi amor” y entonces la representación terminaba y partíamos uno hacia el otro como dos niños aprendiendo a caminar, y nos fundíamos, y hacíamos locuras y no sabíamos de qué garganta salían los gritos, e implorábamos uno al otro que parase pero no parábamos, y redoblábamos nuestra furia, como si quisiéramos morir en aquel momento de fuerza, y subíamos y explotábamos, girando en ruedas moradas y amarillas de fuego que salían de nuestros ojos y de nuestros vientres y de nuestros músculos y de nuestros líquidos y de nuestros espíritus y de nuestro dolor pulverizado; después la paz; oíamos alternadamente el latido fuerte de nuestros corazones sin sobresalto; yo apoyaba el oído sobre sus senos y enseguida ella, por entre los labios exhaustos, soplaba ligeramente mi pecho, aplacando; y sobre nosotros bajaba un vacío que era como si hubiéramos perdido la memoria."
La fuerza humana, de Rubem Fonseca.

Latoso N° 1181

Grigori Eulerov: Ex combatiente sovietico de la guerra de Afghanistan, actualmente retirado vive soledad en un motel frente a una iglesia. Se levanta a la mañana para ir a la iglesia, no a entrar sino a quedarse afuera fumando un atado mientras mira el cielo, escucha el sermón desde afuera o se queda mirando los autos pasar. Algunas veces, como pasatiempo, entra a la iglesia y busca a algún joven solo para convencerlo de tener algún acto intimo. Otras veces simplemente se pasa el día pensando afuera. A la noche vuelve al motel para comer algo, acostarse en la cama y pensar mientras fuma un atado, recordando historias del pasado hasta que inevitablemente el sueño le domina. Solo para comenzar un nuevo día. Esta es la increíble vida de Grigori Eulerov, una vida sin mucha importancia...

Víctor Hugo Viscarra N° 1018

Ayer, por ejemplo (creo que al mediodía) trajeron los restos de una cholita de unos veintitantos años de edad a la que habían sacado del fondo de un barranco, lugar al que habría ido a parar presumiblemente por problemas sentimentales. Si bien no la encontraron en posición decúbito dorsal, estaba hecha mierda, porque, durante la caída, su cuerpo había chocado repetidas veces contra las salientes del barranco, que, al llegar al fondo, de la cholita no quedaba casi nada.

Toda ella era una miseria; pero, antes de que llegue el forense de turno para realizar un examen parcial de lo que quedaba del cadáver, con un alicate le saqué el engaste de oro de su dentadura, y —ojo clínico—, calculé que de allí se podía obtener tranquilamente unos ciento cincuenta dólares.

Con el tiempo uno llega a encariñarse con los muertitos porque —aparte de sus familiares y conocidos— nadie más se acuerda de ellos; muchas veces he sentido algo semejante a la tristeza cuando nadie viene a reclamar por uno de ellos. Se siente como si el corazón se nos rompiese en pedacitos, pues están abandonados y no tienen ni siquiera un perrito que les aúlle, a manera de despedirlos, cuando sus almas ya han abandonado para siempre este perro mundo.

Latoso N° 1009

"Estamos bien", le dijo a Ken. Su corazón latía tan fuerte en su pecho que no podía imaginar salir a la calle. Su corazón podría explotar de miedo. Podía oír los lejanos gritos de los muertos, pero los golpes a la puerta habían cesado. El Sr. Cloy estaba haciendo un gran trabajo manteniendo a los muertos en la esquina de la calle, pero los caníbales no muertos todavía estaban terriblemente cerca. En silencio, dejaron sus cosas y se fueron al armario. Trataron de estar lo más callados posible y se estremecieron mientras el armario gemía y tocaba mientras lo alejaban de la puerta. Se congelaron y esperaron, pero ninguno de los muertos se sintió atraído por el sonido. Ken agarró el portabebés de Cher del suelo y colocó su palo de golf en una posición defensiva. Lenore agarró el perchero fiel y respiró hondo. Nerviosa, se acercó a la ventana, miró a través de la cortina y examinó las condiciones de la calle. Estaba vacía de muertos, pero los coches estrellados eran un obstáculo. La lujosa camioneta del Sr. Cloy estaba estacionada al otro lado de la calle, más allá de los escombros. "Muy bien, súbete al camión y súbete. No tengas miedo. Mantén la calma y sigue moviéndote hasta que llegues al camión."Lenore sostuvo las llaves del camión firmemente en su mano y respiró hondo varias veces, tratando de calmar sus nervios. "Tengo miedo," susurró Ken mientras su gato soltaba un suave maullido interrogativo. "Sí, yo también. Pero sigue moviéndote. No te detengas. Solo vete", ordenó. Respiró hondo y se forzó a abrir la puerta. Lenore estaba paralizada de terror cuando el sonido de los zombis cercanos de repente parecía mucho más fuerte. Por un segundo, ninguno de ellos se movió, luego Ken lo pasó y corrió tan rápido como pudo, su portador de gato se estrelló contra su costado. Maldiciendo todo el ruido que hacía, Lenore obligó a su cuerpo a moverse. Ken era ligero en sus pies y maniobraba fácil y rápidamente alrededor de los coches. Lenore era mucho más lenta y movía los brazos en un esfuerzo por moverse más rápido. Estaba pasando el primer coche cuando Ken llegó a la camioneta y se deslizó hacia el lado del pasajero. Levantando el brazo, presionó el botón para desbloquear el camión. Para su horror, también presionó el botón de pánico y el camión estalló en gritos agudos y bocinazos fuertes. "¡Lenore!" "Mierda!"Se detuvo en medio de la carretera y buscó a tientas el control remoto de entrada sin llave. Se apresuraron unos segundos valiosos, luego encontraron el botón y lo presionaron de nuevo, silenciando la alarma. Los gemidos y el sonido de muchos pies tomaron su lugar. Lenore miró con temor la intersección. Los zombis inundaron la esquina. 10. Al infierno Esta fue definitivamente una de esas malditas cosas que la gente en las películas de terror hizo para ser asesinada, pensó Lenore. Gruñendo de frustración, sacudió su parálisis temporal y se dirigió pesadamente hacia el camión del Sr. Cloy. "¡Desbloquéalo!"La voz de Ken era casi estridente en su pánico. Esta vez presionó el botón de DESBLOQUEO y siguió presionándolo mientras corría hacia adelante, esquivando coches abandonados y tratando de no caer en charcos de sangre roja oscura. Ken abrió la puerta del pasajero, tiró el porta gatos y entró con un solo movimiento. Se deslizó a través de la cabina hasta la puerta del conductor y frenéticamente le indicó que se diera prisa. Como si necesitara urgencia ... Escuchó los pasos de los zombis que se acercaban a ella y no necesitaba que Ken agitara su mano como una especie de policía de tráfico enloquecido. Su cuerpo se sentía pesado, sus grandes pechos temblaban, sus piernas sólidas empujaban su cuerpo hacia adelante. Odiaba correr. Lo odiaba con pasión, pero el sonido de los zombis gruñendo y silbando acercándose era más molesto que su pesado pecho empujando dolorosamente. "¡Lenore!"Era la voz del Sr. Cloy. Se dio la vuelta, blandiendo el perchero como una espada y terminó golpeándolo en la cara ensangrentada y desgarrada de un zombi subiendo por el maletero de un coche para alcanzarla. Lenore aplastó el perchero sobre la cabeza de la cosa un par de veces, luego usó el extremo para empujar al zombi fuera del coche y lejos de ella. "¡Solo corre! ¡Sólo corre!"Instó a la voz del Sr. Cloy. Sus ojos se movieron rápidamente hacia arriba. La forma trágica del Sr. Cloy estaba en el borde del edificio. Se inclinaba hacia un lado y ya se veía espantosamente como un zombi. "Corre, Lenore!"Su voz era entrecortada, pero feroz. Los zombis corrieron alrededor de los coches, dirigiéndose directamente hacia ella. Se dio la vuelta y corrió los últimos pies hacia la camioneta. Ken abrió la puerta del conductor y se subió a su asiento. Dándose la vuelta, lanzó el perchero a la zombi a tres pies de ella. Sus pies se enredaron alrededor del perchero y se cayó. Mientras se movía, tratando de levantarse, otros zombis se toparon con él, formando una pila de carne muerta que se retorció y gimió. Lenore empujó su cuerpo contra el asiento del conductor y cerró la puerta de golpe justo cuando una mujer horriblemente desfigurada se lanzó hacia ella. Ken cerró rápidamente las puertas, sellándolas bien adentro. Lenore se sentó en silencio durante unos momentos, respirando profunda y sin aliento. Junto a ella, Ken miró al zombi rascando el parabrisas. "¿ Podemos irnos ahora?"Su voz era pequeña. Lenore deslizó las llaves en el contacto y luego agitó la cabeza. "No se como manejar un palo." "¡Muy bien, cámbiate!"Ken corrió hacia delante y pasó por encima de ella. Maldiciendo en voz baja, Lenore se deslizó para dejarlo al volante. El golpe constante de los zombies golpeando la camioneta con sus manos hizo que su estómago se girara y evitó mirar las caras gruñidas fuera de la puerta del pasajero. El camión se balanceaba por el asalto zombi o por todos los problemas que ella y Ken tuvieron que moverse para que él pudiera sentarse en el asiento del conductor. "¡Oh, los necesito!"Ken le dio palmaditas en la mano mientras intentaba alejarlo de ella. Lenore solo resopló y trató de no tocarlo de nuevo. Finalmente, se las arregló para meterse en el asiento del pasajero en la maldita consola encajada entre los asientos y ajustó sus piernas a ambos lados del portabebés de Cher. El gato la miró a través de la rejilla y soltó un siseo bajo. "No me hagas alimentar a los zombis," Lenore amenazó. Ken se acomodó en el asiento del conductor y buscó ajustes en el asiento. "Conocido!" "Mis pies no llegan!" Los zombis golpearon sus manos contra las puertas y ventanas una y otra vez. Sangre y trozos de carne mancharon las ventanas. Algunos de los zombies fueron masticados hasta el hueso y uno golpeaba su muñón rechoncho contra el parabrisas una y otra vez. "¡Quiero irme ahora, Ken! Ahora!" El asiento de Ken gimió mientras lo ajustaba y gritó: "¡Espera!" "Zombis, Ken. Zombis tratando de comernos. Vamos!" El asiento finalmente parecía estar en la posición correcta para que los pies de Ken alcanzaran los pedales y arrancó el motor. Él rugió a la vida, al igual que la radio. Tanto Ken como Lenore gritaron mientras la voz de Kenny Roger retumbaba a través de los altavoces. Lenore extendió la mano y apagó la radio. "Oh, Dios, me duele el corazón", exclamó Ken. Lenore le pegó en el brazo. "OW! ¡Eso duele!" "Esos zombis que se comen tu dulce carne van a doler mucho más. ¡Conduce o te golpearé de nuevo! " Lenore estaba decidida a no morir hoy y eso fue todo. Ken cambió de marcha y avanzó con cautela. Lenore se agarró a la tabla. Los zombis estaban a su alrededor ahora, gimiendo y aullando, sus sucias manos ensangrentadas arañando el coche. El gato soltó un aullido de desaprobación y Lenore asintió en silencio con ella. La situación se estaba jodiendo. Ken maniobró cuidadosamente el camión alrededor de los coches que bloqueaban la calle. Obviamente estaba nervioso conduciendo un vehículo tan grande. Ambos contuvieron la respiración cuando Ken apretó la camioneta entre dos autos. Se oyó un fuerte chillido cuando la parte trasera del camión atrapó a uno de los vehículos. Lenore se giró en su asiento para mirar por la ventana trasera. Algunos de los zombis se aferraban a la caja del camión. Tal vez estaban tratando de detener el camión, o tal vez esperando a ser llevados con ellos. "Somos un puto Happy Meal sobre ruedas", dijo Lenore frunciendo el ceño. Ken hizo una mueca cuando inadvertidamente atropelló a unos cuantos zombis destrozados que se arrastraban por el suelo. "¡Oh, Dios, Lenore!" "Ellos no son personas! ¡No te asustes! " Ken asintió y pasó un coche de policía, acercándose a la tienda del Sr. Cloy. Ken apretó la bocina, tocó la bocina dos veces y saludó la silueta del Sr. Cloy en el techo sobre ellos. Lenore también saludó, pero solo pudo ver a su amiga. Hubo un accidente cuando algo golpeó la caja del camión y el vehículo se balanceó violentamente. Ken gritó y apretó los frenos. Lenore se dio la vuelta para ver el cuerpo del Sr. Cloy caer de la parte trasera de la camioneta. Sangre derramada por todo el interior de la caja del camión. "Señor. ¡Cloy!" "Ve," dijo Lenore. "Estaba muerto? ¿Era un zombi y trataba de llegar a nosotros? ¿Se suicidó? "¡Vete, Ken!"Lenore le gritó. "¡Sólo vete!" Las lágrimas mojaron sus mejillas mientras se aferraba firmemente a la parte posterior de su asiento. Mientras Ken seguía conduciendo, vio a los zombies reunirse alrededor de la forma caída de su amigo. Cerró los ojos con fuerza y trató de borrar de su mente la vista de su cuerpo maltratado.


Latosote ▶ esa fuente N° 75

no podian elegir peor fuente para el tablon de texto? es una pregunta seria, creo que comic sans quedaba mejor que esta tipografia toda gruesa y cursiva, por favor cambienla unu



Latoso N° 874

>>802
yay!

Latoso arjonezco N° 804

>>802
¡Gracias, Lord Gusano! Con esta fuente, vamos aclarando el panorama.

Gusano ## Admin N° 802

Fuente cambiada latosos, gracias

Latoso N° 801

>>75
>>756

x2

Me duele la cabeza nada mas entrar aquí.

Latoso secundoso N° 756

Entiendo la calidez que genera (conceptualmente, al menos) la tipografía que emula la letra manuscrita, pero cuando esa buena intención o elección estética se encuentra reñida con la legibilidad, creo que hay que optar por ésta última.
De todas formas, me agrada este nuevo espacio en latinchan, el espacio texto. Ojalá lo hallemos en lo sucesivo más frecuentado.


Latoso escriba ▶ El trabajo del escritor N° 76

El trabajo del escritor, como todo trabajo por otra parte, no puede adoptar otra modalidad que la del infinito. Nunca se dejará de escribir; no importa la brevedad de la vida, porque no se trata exactamente del tiempo tal como podemos pensarlo, sino de un tiempo que se hace infinito volviendo sobre sí mismo, en forma de espacio. Ese espacio es el texto. El texto ya escrito, con el que se enfrenta el lector, es una extensión dada. Por dentro de esa extensión persisten las tensiones que la hacen incierta; el autor puede tomar cualquier decisión en cualquier momento, y cuanto más libre haya sido para tomarla, mayor será la adhesión del lector a esa ecuación de lo infinito del texto y lo infinito del escritor. [César Aira]



Latoso fan de Neil Gaiman N° 759

Una de sus primeras sesiones de firmas en EE UU, en la que compartía mesa con un autor de best sellers del The New York Times del que no quiere revelar su nombre. Una lectora de ese autor le da su libro para que se lo firme. El escritor ve que es un ejemplar de saldo de una librería. Y le espeta: "Esto no te lo voy a firmar. Con este ejemplar no he ganado nada". La mujer, abochornada, se fue llorando. "¿Sabes qué pasó luego?", pregunta Gaiman. "Varios de los lectores de los que estaban en su cola se pasaron a la mía. Por los pocos centavos que gana con un ejemplar, perdió a una lectora para siempre, a esa gente que se cambió de cola y a todos con los que hablaran los que vieron la escena. Me prometí: nunca seré como él."


Latoso N° 70

Solo hazlo.



Latoso hacendoso N° 682

Es mejor hacer algo durante veinte minutos que pensar durantw veinte horas cómo hacer ese pinche algo.

Latoso N° 680

[spoilerSi no lo haces te doy un mordisco en el ano][/spoiler]

Latoso N° 679

Obligame >:[


Gusano ## Admin ▶ El Diario Del Latoso N° 64

Hilo para que cuentes tu día a día con los demás latosos



Latoso N° 626

Creo que el día de hoy vi un fantasma o algo raro.
>ser yo.
>a punto de salir del trabajo.
>salir muy noche, casi a las 3 o 4 am.
>antes de llegar a casa tener que pasar por un barrio donde la mayoría de las casas están abandonadas.
>ir pensando en cosas sumamente autistas.
>ver de casualidad a una casa.
>esa casa en particular estaba sumamente descuidada.
>tubos oxidados, maderas y ladrillos decoraban el exterior de la casa.
>gruñido. Mp3 llama mi atención.
>ser parecido a un ladrido de perro pero mucho mas gutural.
>busca de donde salió ese ruido.
>ver una ventana rota.
>empezar a cagar ladrillos y correr.
>vi muchos ojos brillante de color amarillo
>llegar a casa y ver 3 horas de videos de gatos para olvidar lo que vi.
Ahora intento no pasar por ese barrio aunque tarde mas para llegar a casa

Latoso N° 618

Tengo menos de seis meses para prepararme para el ingreso a ingeniería yo solo. No tengo plata para una academia y no tengo disciplina para estudiar en cantidad ni calidad necesaria para entrar. Estoy jodido

Latoso redactoso N° 610

Hoy en la tele había un tipo que escribió una novela, él no era novelista, pero escribía manuales y no sé qué otras cosas, y se puso a leer un libro de Stephen King llamado "On writing" o algo así, y bueno, mencionó que una cosa que sugería Stephen King, un tip, era que no había que usar adjetivos, que muchos adjetivos paletos le restaban verosimilitud a lo narrado. Me hizo pensar que quizá las giladas que yo escribo tienen bastante de eso y por eso parecen tan amateur...